Las políticas que han impulsado el libre mercado en el mundo durante los últimos 50 años, iniciaron con Ronald Reagan y todo indica que terminarán con Donald Trump, ¿qué tanto se parecen estos dos personajes? En esta nota te lo contamos: 

McDonald’s ocupa el puesto 11 dentro de las “mejores marcas globales” según el ranking de la consultora Interbrand, con un valor de marca de 48,647 millones de dólares. Sin duda, McDonald’s es uno de los referentes más destacados del capitalismo y globalismo norteamericano. 

Este negocio fue fundado por los hermanos Richard y Maurice McDonald en San Bernardino, en el estado de California, Estados Unidos, en 1953. Fueron estos hermanos quienes reprodujeron el concepto de línea de ensamblaje de Henry Ford, aplicándolo y perfeccionándolo al negocio de la comida rápida, sistematizando el proceso de elaboración de hamburguesas con un menú limitado. En un principio, el negocio creció moderadamente con unas cuantas franquicias en California, pero la expansión a todo el territorio estadounidense se dio con la llegada de Ray Kroc, un comerciante de 52 años, quien compró la marca por 2.7 millones de dólares a los hermanos McDonald.  Hoy en día “McDonald’s es uno de los principales minoristas mundiales de comida, con unos 34,000 restaurantes en 118 países y territorios de todo el mundo, que sirven a más de 69 millones de personas cada día a nivel global”, como lo describe en su sitio de internet el propio Interbrand.

— Fuente de la imagen: Interbrand —

El éxito en el modelo de expansión de negocio utilizado por Ray Kroc radicó, entre otras cosas, en construir una imagen corporativa de felicidad familiar a través de su logo y su mascota Ronald McDonald, creado en 1963 por Willard Scott, representando a un payaso feliz y con poderes mágicos, vestido con los colores corporativos de la empresa. Toda la estrategia publicitaria y de expansión mundial de la compañía, tuvo su caldo de cultivo en la implantación del modelo político y económico global denominado neoliberalismo, inaugurado por el expresidente de EE.UU., Ronald Reagan, y que, curiosamente, se ha terminado con la llegada de Donald Trump el pasado 20 de enero a la Casa Blanca.

El neoliberalismo es un concepto muy discutido en los medios de (des)información, pero confuso para la mayoría de los ciudadanos debido a la poca divulgación de su origen y las consecuencias sociales y económicas que ha dejado como saldo, después de más medio siglo desde su nacimiento. Pareciera que el término tiene que ver con la propiedad privada y la libertad, ya que se deriva del Liberalismo —una doctrina política, social y económica que defiende la libertad individual, la igualdad ante la Ley y la limitación de los poderes del Estado— cuyo surgimiento se da en la época de la Ilustración y que se popularizó en los siglos XVII y XVIII como una respuesta al poder absoluto y al despotismo de la nobleza feudal que representaban los reinos europeos.

En México, por ejemplo, las corrientes de pensamiento liberal llevaron a la conformación de un Estado nacional, republicano, federal y laico durante la guerra de Reforma bajo el liderazgo de personajes históricos como Benito Juárez, Melchor Ocampo y Ponciano Arriaga, entre otros. El liberalismo clásico, que aboga por la economía de mercado, impulsó el emprendedurismo en todos los ámbitos del desarrollo social y, particularmente, en el mundo de los negocios, dio vida al capitalismo moderno que en los últimos tres siglos ha dominado el sistema de pensamiento de la sociedad mundial.

El neoliberalismo dista mucho de ser una evolución del liberalismo, como algunos comentócratas trasnochados intentan engañar, es, más bien, una perversión de los ideales de libertad y prosperidad. Surge en los años 70 del siglo pasado como una respuesta a la Guerra Fría entre EE.UU. y la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que ocupaba los territorios de la actual Federación Rusa. La carrera armamentista, nuclear y espacial se encontraba en el clímax y la economía de guerra resultaba insuficiente para mantener el crecimiento económico y la propaganda de la “democracia liberal” de EE.UU. frente al comunismo soviético. Para la plutocracia anglo occidental norteamericana era urgente impulsar la economía de libre mercado, poniendo los instrumentos del Estado al servicio de los fines del capital privado; eso es precisamente de lo que trata el neoliberalismo.

Reagan y la derecha neoliberal

Ronald Reagan (1911-2004) fue gobernador de California entre 1967 y 1975, presidente de los Estados Unidos de 1981 a 1989 y una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX. Antes de su carrera política, fue actor de Hollywood y presidente del Sindicato de Actores de Cine (Screen Actors Guild, en inglés). Como presidente, su legado está marcado por su política económica neoliberal, su papel en el fin de la Guerra Fría, su enfoque en el conservadurismo moderno y la propaganda anticomunista.

Reagan llega a la presidencia tras múltiples escándalos, particularmente, el de Watergate que reveló la corrupción en el nivel más alto del gobierno. Eran años de total desprestigio de la clase política estadounidense y una figura como Reagan, con grandes habilidades comunicativas, fue necesaria para hablarle principalmente a la mayoría blanca, originaria del norte de Europa —también referida como WASP (White Anglo-Saxon Protestant)— quienes se sentían marginados de los apoyos sociales que los gobiernos anteriores entregaban a las minorías de raza negra o latina.

Las corrientes marxistas de pensamiento empezaron a permear en países de Asia, África y América Latina lo cual llevó a que el gobierno norteamericano ejerciera una política de confrontación directa y abierta contra la URSS, propagando la idea de que el comunismo era una amenaza para la seguridad del territorio y del pueblo (principalmente WASP) estadounidense. Por otra parte, la economía estaba en crisis debido a las altas tasas inflacionarias y al nulo crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que se basaba en las ganancias que generaban las guerras, incluso las perdidas, como fue el caso de Vietnam. Es en este contexto que Reagan impulsó una enorme campaña en contra del comunismo, al mismo tiempo que reduciría el gasto público para programas sociales, pero no para defensa militar. También, recortaría significativamente los impuestos, desregularía la economía en sectores clave como la banca, la energía y las telecomunicaciones; todo un paquete de acciones para privilegiar a los plutócratas capitalistas a costa del desmantelamiento del aparato de Estado.

La propaganda anticomunista de Rocky IV

En 1985, tras la aplastante victoria de Reagan para su reelección un año antes, se estrenaría la cuarta parte de la serie de Rocky, escrita, dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone.

La trama de la película puso en la pantalla a las dos potencias mundiales a través de dos boxeadores que representan cosmogonías contrarias: uno es Rocky, el “semental italiano” que cumple el sueño americano gracias a la libertad para aprovechar las oportunidades que le da un país donde el esfuerzo es premiado con fama y dinero; el otro es Drago, un “humanoide” sin voluntad, ni corazón, hermético y adiestrado para recibir órdenes, un ente alienado que muestra —desde la perspectiva estadounidense— a toda la sociedad detrás de la llamada “Cortina de Hierro”. Seguramente el final lo conocen: Rocky, contra todos los pronósticos y después de un entrenamiento perfecto en tierras inhóspitas en la Siberia rusa, vence a Drago ante la cúpula comunista, el ejército soviético y la bandera roja. El discurso final que entrega la propaganda política en la película es grandioso:

“Vine aquí esta noche sin saber qué esperar, me encontré con la hostilidad de muchos y no supe qué pensar sobre ello, y sentí también la hostilidad contra ustedes. Durante esta pelea todo eso fue cambiando, lo que ustedes pensaban de mí y lo que yo pensaba de ustedes. En el ring, nosotros dos nos hacíamos pedazos, pero creo que eso es mejor que 20 millones. Lo que quiero decir es que si puedo cambiar yo, igual que ustedes, todos pueden cambiar.”

Tras las palabras de Rocky, el público aplaude e incluso un personaje muy parecido a Mijaíl Gorbachov le rinde las palmas.

La industria cinematográfica de Hollywood que vio nacer como actor al presidente Reagan, sería el instrumento propagandístico que pretendía imponer la idea de que la democracia perfecta es la de Estados Unidos, anulando la posibilidad de que la ideología comunista soviética tuviera cabida en el mundo.

A la postre, la URSS se disolvería con la renuncia al cargo de Gorbachov como Soviet Supremo el 25 de diciembre de 1991, curiosamente, en Navidad, el mismo día que Rocky derrota a Drago en Moscú. ¿Coincidencia o mensaje político de la hegemonía norteamericana que dominaría el mundo?

La escuela de Chicago y el neoliberalismo de exportación

Además del aparato mediático como arma de propaganda anticomunista, fue necesario diseñar y divulgar entre las comunidades intelectuales, un modelo de pensamiento que orientara las decisiones políticas y económicas en el mundo occidental, alineadas con las ideas neoliberales. La escuela de Chicago es un movimiento de pensamiento económico basado en el libre mercado, la reducción del papel del Estado y el control de la inflación, desarrollado principalmente en la Universidad de Chicago bajo el liderazgo de Milton Friedman y otros economistas a mediados del siglo XX. La escuela de Chicago comenzó a influir en América Latina a principios de los años 70, principalmente, a través del programa conocido como los “Chicago Boys”, un grupo de economistas latinoamericanos (en su mayoría chilenos) formados en la Universidad de Chicago con la intención de aplicar estas ideas en sus países.

En Chile, tenemos el caso más icónico de imposición del modelo neoliberal con la llegada del dictador Augusto Pinochet, tras el golpe de Estado en contra del presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. Los Chicago Boys aplicaron reformas radicales, privatizando empresas estatales, impulsando la apertura económica al capital privado y reduciendo el gasto público, según ellos,  para combatir la inflación.

Más tarde, en México, durante los sexenios de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, de 1982 al 2000, se privatizaron más de 400 empresas públicas en sectores como la siderurgia, las telecomunicaciones y la banca, continuando con puertos, aeropuertos, minas, ferrocarriles, carreteras, aduanas, educación y salud. Sin embargo, la inercia y el fervor neoliberal de la clase política mexicana comenzó su declive en 2003 con el surgimiento de las corrientes políticas de izquierda que, poco a poco, fueron ganando popularidad ante el electorado, culminando el 1 de julio del 2018 con el cambio de régimen de gobierno.

En Argentina, el neoliberalismo no cede. Desde la llegada de Carlos Menem, en 1989, el país no logra estabilizar su economía debido a la imperante corrupción de la clase política, sumada a la enorme influencia que las compañías extranjeras, principalmente, norteamericanas y europeas, ejercen sobre los pésimos gobernantes que han dirigido el país. Lo más lamentable es que el actual gobierno de Javier Milei sigue aplicando políticas de reducción del gasto social, desregulación del mercado y hasta de especulación fallida con criptomonedas. El pueblo argentino sufre con un gobierno que ya no es neoliberal y ahora se dicen ser libertarios.

Los resabios del neoliberalismo están más vigentes que nunca. La enorme desigualdad económica, el impacto medioambiental, el deterioro en la salud y la proliferación del consumismo son parte del saldo que nos ha dejado.

Ronald Reagan es el padre del neoliberalismo y, durante su mandato, no solo influyó en la política interior, en muchos países de Europa y América Latina encontró aliados, quienes ávidos de riqueza y poder, no dudaron en iniciar el desmantelamiento de los aparatos de Estado para beneficiarse de jugosas ganancias a costa del erario.

Ronald y McDonald’s

Una consecuencia derivada del neoliberalismo es la globalización en prácticamente todas las áreas de conocimiento, desde la política, la economía y la cultura de los países y pueblos que hemos padecido sus efectos. La globalización promueve la idea de una “aldea global” de comercio y consumo que paulatinamente impacta y transforma la cultura de las sociedades.

Estados Unidos es la nación hegemónica cultural en mucho de lo que se comercializa y se consume a nivel mundial. Algunas de sus manifestaciones están en la industria del cine emanada de Hollywood, la industria refresquera que domina Coca Cola, la industria del entretenimiento que monopoliza Disney o en la industria de la comida rápida donde destaca McDonald’s. Estas empresas, especialmente las de fast food, utilizan la publicidad masiva para incentivar a que la gente consuma sus productos que, en la mayoría de los casos, no son tan saludables como se cree. La publicidad está dirigida principalmente a los niños, atrayéndolos con distintos métodos de marketing como, por ejemplo: regalar juguetes de las películas del momento, poner en los restaurantes enormes áreas de juegos infantiles o animar con payasos y botargas a los comensales.

McDonald’s ha permeado tanto en el mundo y en el imaginario colectivo que se puede perder la perspectiva del impacto de identidad nacional que causa en las generaciones más jóvenes. Alguna vez, escuché lo siguiente, sin saber si es realidad o ficción:  en el año 2000, cuando un niño japonés visitó por primera vez la ciudad de Nueva York y vio un restaurante de McDonald’s reaccionó sorprendido para decirle a su padre: “mira papá, acá también hay McDonald’s”, sin saber que el origen del restaurante fue en EE.UU. Si el impacto fuera exclusivamente en los hábitos y cultura de los países, quizás podríamos comprender que es parte de la evolución social; sin embargo, lo más lamentable es que muchos de estos hábitos impuestos con estrategias de neuromarketing también afectan nuestra salud. Esto fue comprobado por Morgan Spurlock quien, en 2004, hizo un documental sobre McDonald’s llamado Super size me.

Spurlock fue impulsado a realizar esta investigación por el aumento en los índices de obesidad en la población estadounidense. En 2021, según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la obesidad era un padecimiento que sufría el 33.5% de la población en Estados Unidos, país que encabezaba la lista, seguido por Chile con 26.4% y Gran Bretaña con el 25.9%.

— Fuente de la imagen: OCDE, 2023 —

En el documental, Morgan se propone realizar una dieta de 30 días consumiendo solamente comida de McDonald’s para demostrar la responsabilidad directa de la empresa respecto de los problemas de salud que sufre la población. Morgan terminó la dieta acumulando altos niveles de colesterol y aumentando 11,1 kg adicionales a su peso corporal. También, experimentó cambios de humor, inapetencia sexual y daño hepático.

Ahora que ya sabes el origen ideológico y las consecuencias devastadoras del neoliberalismo, ¿qué reflexiones te quedan?

Afortunadamente, nada es para siempre. Estamos en un momento histórico muy revelador en el mundo y todo parece indicar que el neoliberalismo está llegando a su fin. La hegemonía anglo occidental está en jaque por el resurgimiento de Rusia, la evolución de China y el despertar de una buena parte de los pueblos latinoamericanos. No obstante, el imperio no está muerto y utilizará todos sus recursos de propaganda mediática, dominancia tecnológica y provocación bélica para mantener su protagonismo.

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Desde la mirada de…

Ricardo Guadarrama

Estratega Comercial (FMCG & Retail) — Paxia