El contexto tecnológico en nuestros días es diverso y, en ocasiones, confuso. La búsqueda constante de innovación nos hace creer que encontraremos la solución a los retos de negocio a través de la tecnología. Podemos desechar las soluciones prácticas y eficientes por implementaciones largas, complejas y costosas de tecnologías que aparentan ser la panacea que necesitamos. Las empresas no cesan en sus esfuerzos de innovación obteniendo como resultado, en la mayoría de los casos, proyectos de implementación inútiles o en el mejor de los escenarios, subutilizando sistemas y aplicaciones costosas que nunca logran generar el retorno que se espera. Este es el caso de una gran cantidad de procesos de implementación de sistemas de gestión financiera, operativa, comercial o de distribución que han tenido gran popularidad a finales del siglo pasado y principios del actual.

Desde un punto de vista antropológico, la tecnología es un medio para que las personas nos facilitemos tareas complejas y repetitivas cuyo objetivo final es claro. Reflexionemos sobre cuál era la tarea compleja y el objetivo que se buscaba alcanzar al diseñar una lanza, una pinza o una hoja de cálculo en papel antes de la aparición de Excel; en el último caso, el objetivo principal era mantener una memoria documentada que pudiera dar referencia para futuros cálculos en la ingeniería o en las finanzas. Una vez que dominamos la tarea y tenemos claro el objetivo, la automatización del proceso suele ser un trabajo de rutina que implica el conocimiento de especialistas en diseño, desarrollo e implementación de sistemas y aplicaciones de software.

La mayoría de los proyectos de innovación ponen total foco en la tecnología y muy poca atención al entendimiento profundo del proceso que se desea automatizar […]  

 


 
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