Los unicornios modernos han dejado atrás la magia y los cuentos de hadas para convertirse en empresas valoradas en miles de millones de dólares. Sin embargo, detrás de su brillo y promesas de innovación, surgen preguntas incómodas sobre el origen de los fondos que sostienen su rápido ascenso. ¿Son realmente motores de cambio o reflejo de un sistema financiero opaco?
Hasta hace dos décadas, en el imaginario colectivo, los unicornios eran criaturas míticas adoradas por su belleza inalcanzable y su capacidad para crear magia en un mundo lleno de seres terriblemente ordinarios. Hoy, en el mundo de los negocios, los unicornios no tienen cuerno, ni magia, pero poseen algo igualmente fascinante: ser empresas con valor de mil millones de dólares. Existen otras características que identifican a las empresas unicornio: el éxito inmediato que desafía las leyes de la incertidumbre económica, las ideas que se materializan con un par de clics y los modelos de negocio “disruptivos” que parecen sofisticados como la transformación digital, la inteligencia artificial o la innovación; que suena a algo parecido como vender “tacos de autor”. De repente, la economía mundial se ha llenado de unicornios, todos brillando como estrellas fugaces en el vasto espacio empresarial. Sin embargo, si nos detenemos a mirar más allá de su deslumbrante fachada, podemos preguntarnos si estos unicornios realmente son tan puros y mágicos como nos los pintan o si, tal vez, sus fuentes de capitalización son tan oscuras y turbias como un agujero negro que devora todo a su paso.
Las empresas unicornio han sido muy mediáticas por ser modelos a seguir de innovación y éxito empresarial. Entre ellas, se encuentran algunas que aún no cumplen la mayoría de edad , pero ya gozan de fama mundial como Uber y Airbnb y que han transformado industrias enteras mediante el uso de tecnologías digitales y modelos de negocio escalables; otras, que nacieron en Latinoamérica como Rappi, Clara o Kavak, destapan la euforia de la “fanaticada” empresarial al grito del ya clásico “¡sí se puede, sí se puede!”.
A medida que estas empresas crecen y reciben financiamiento de fondos de capital privado, surgen algunas preguntas para intentar explicarnos las razones fundamentales del éxito y, particularmente, sobre el origen de los recursos que respaldan su acelerada expansión; por ejemplo: ¿es posible que estos fondos provengan de actividades ilícitas, especialmente, en un contexto donde el sistema financiero mundial presenta notorias vulnerabilidades?
El sistema financiero, ¿hace la magia?
Las empresas unicornio operan en sectores altamente lucrativos donde la economía de escala es crucial para lograr la rentabilidad que prometen. No obstante, detrás de la fachada de un negocio disruptivo, digital e innovador, yace una estructura financiera que depende en gran medida de fondos de capital, muchas veces provenientes de fondos de inversión de alto riesgo o bancos privados.
El capital invertido en estas empresas es considerado como una inversión inteligente que busca un retorno sustancial a través de la expansión y la rentabilidad futura del negocio. Lamentablemente, hoy sabemos que el sistema financiero, particularmente, en Estados Unidos, donde operan la mayoría de estos fondos de inversión, ha sido históricamente vulnerable a la infiltración de dinero ilícito, una actividad mejor conocida como lavado de dinero. Los mecanismos sofisticados para ocultar el origen de los fondos, combinados con la falta de transparencia en ciertas operaciones y la tendencia de muchos fondos de capital privado a evitar la divulgación pública, generan un caldo de cultivo ideal para que parte de este capital provenga de actividades económicas ilícitas.
El sistema financiero internacional ha sido constantemente criticado por su falta de eficacia en la prevención del lavado de dinero. A pesar de la existencia de instituciones regulatorias como la (SEC) y las normativas como la Ley de Secreto Bancario en Estados Unidos, que buscan detectar actividades sospechosas, la creciente complejidad de las transacciones financieras y el uso de paraísos fiscales sigue permitiendo que grandes sumas de dinero de origen dudoso circulen sin una supervisión adecuada y, en algunos otros casos, con la complicidad de las autoridades que deberían denunciarlo.
¿Recuerdas el caso de los Panama Papers? A propósito, te recomendamos ver en Netflix:
The Laundromat
(La lavendería)
Una película que narra la historia de una viuda que circunstancialmente conoce a dos abogados que ocultan fortunas de sus clientes en Panamá.
Los fondos de capital privado y los bancos de inversión suelen operar bajo estrictos controles internos, pero sus relaciones con inversores y corporaciones multinacionales generan una capa de opacidad que puede facilitar la fusión de capital lícito e ilícito. Los mecanismos de lavado de dinero son cada vez más sofisticados y difíciles de rastrear, y el uso de instrumentos financieros como fondos de cobertura, bonos estructurados y transferencias internacionales puede camuflar el origen real de los recursos. En este contexto, las que operan bajo la premisa de grandes flujos de inversión pueden, en principio, ser vulnerables a la infiltración de capital proveniente de actividades ilícitas que utilizan el sistema financiero como vía para blanquear fondos.
Kavak: un caso de éxito y vulnerabilidad
Kavak, el primer unicornio mexicano, ha sido respaldado por gigantes financieros como SoftBank y General Atlantic, fondos de capital privado que operan en los mercados de Estados Unidos. Si bien, la empresa presume un modelo de negocio exitoso que ha logrado escalar rápidamente, el origen de los fondos invertidos en ella sigue siendo, en gran medida, una caja negra. ¿Cuál es el origen de los fondos invertidos para impulsar la expansión continental de este unicornio? Al momento de escribir esta nota, no logramos saberlo. La opacidad de los acuerdos financieros y la falta de divulgación detallada de los flujos de capital permiten especular sobre la posibilidad de que ciertos fondos que, al igual que en otros sectores, pueden tener su origen en dinero proveniente de actividades ilícitas. Por otra parte, su modelo de negocio es muy similar al de una institución financiera, pues más allá de la compra y venta de autos, ofrece, por una parte, liquidez inmediata para quien vende y, por otra, financiamiento para quien compra un automóvil. Esta característica, sumada a la enorme inversión recibida, permite que los flujos de capital sean casi imposibles de rastrear, especialmente cuando los fondos provienen de entidades internacionales que operan en diferentes jurisdicciones con distintas normativas.
Destruyendo el mito
Las empresas unicornio representan una paradoja: por una parte, son vistas como modelos de innovación que están contribuyendo al progreso económico y social, pero también existen dudas razonables sobre la licitud del capital que les permite alcanzar sus altísimas valoraciones. Si bien, los fondos de inversión y los bancos privados tienen la responsabilidad de verificar la legalidad del capital que invierten, la falta de transparencia y la complicidad inadvertida entre autoridades regulatorias, instituciones financieras y organizaciones delictivas, facilitan la infiltración de dinero ilícito en empresas unicornio.
La credibilidad de las historias de éxito empresarial y la moralidad del sistema financiero mundial está en entredicho, pues si bien es cierto que los inversores pueden argumentar que están apostando por el crecimiento económico y la generación de empleo, también es cierto que las empresas unicornio podrían ser un gran instrumento de “magia” o, al menos, estar contribuyendo indirectamente al fortalecimiento de modelos financieros opacos que permiten que el dinero ilícito se infiltre en la economía global.
La narrativa de que las empresas unicornio son motores de innovación y crecimiento puede ser desmesurada, pues no debemos obviar las vulnerabilidades inherentes a los sistemas financieros en los que operan. El caso de Kavak y otras empresas de su tipo invita a la reflexión crítica sobre la posibilidad de que parte de su financiamiento provenga de actividades ilícitas, como el lavado de dinero asociado, por ejemplo, al tráfico de drogas. El éxito financiero y el referente de disrupción que una empresa como Kavak proyecta debemos cuestionarlo, por ejemplo: ¿qué tiene de disruptivo comprar y vender algo?, ¿el crecimiento financiero de una empresa unicornio es gracias al modelo de negocio o al financiamiento que reciben?, ¿los 1,000 millones de dólares que valen, en realidad representan valor económico o capacidad para blanquear fondos? Estas y otras preguntas quizás nos permitan ver, desde otra perspectiva, el mito que representan los denominados unicornios.
Es fundamental que los reguladores, los inversores y las propias empresas asuman una mayor responsabilidad en la verificación y transparencia de los fondos que permiten el financiamiento de sus operaciones. Quizás, justamente es lo que menos les preocupa, al fin y al cabo, son unicornios, es decir, criaturas míticas y mágicas que solo existen en la mente del imaginario colectivo de los empresarios terriblemente ordinarios.
