Los barrios tradicionales de la Ciudad de México enfrentan una transformación profunda: entre brunches, rentas por las nubes y promesas de modernización, crece una tensión social difícil de ignorar. Esta nota recorre el fenómeno de la gentrificación, sus causas, consecuencias y los modelos urbanos que podrían replantear el rumbo.
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Imagen destacada: Clara Brugada, jefa de gobierno CDMX 2024 – 2030. Nathan Blecharczyk, Co-Fundador de Airbnb.
Imagina un barrio cualquiera de la Ciudad de México. Un lugar de esos que, para quien no lo vivió, lo ilustran películas como Roma del director Alfonso Cuarón o la ópera prima de Alejandro González Iñárritu, Amores Perros. En los barrios populares del otrora llamado Distrito Federal, D.F. o, en caló chilango, “el defectuoso”, el panadero saludaba a los vecinos por su nombre y a los perros por su apodo, la señora de la tiendita fiaba confiando en la palabra del cliente y la fonda servía “comidas corridas” con tortillas recién hechas a oficinistas y albañiles por igual.
Entre los cables, era típico encontrar los tenis Converse colgando, los grafitis en las bardas y las grietas en las banquetas; los niños jugando al avión o echando la “cáscara”, mientras los adultos arreglaban el mundo en conversaciones casuales al regresar del trabajo. Era una época donde se valoraba el hogar más que la plusvalía inmobiliaria, pero, al mismo tiempo, se percibía el calor humano y el sentido de comunidad.
Esos barrios han cambiado con el paso de los años y, poco a poco, las familias emigraron y llegaron los primeros exploradores del brunch: restaurantes minimalistas de pan de masa madre, café de especialidad con baristas tatuados y arte urbano digno de Instagram. Luego, aparecieron los estudios de yoga, los murales de colores perfectos para la foto y los departamentos remodelados con azulejos coloniales y plantas colgantes para los turistas internacionales que los rentan a través de Airbnb.
La gentrificación llegó y cambió todo: las familias que vivían ahí desde hacía décadas empacaron su historia en cajas de cartón y se marcharon. Sus antiguos hogares se convirtieron en habitaciones boutique, propiedad de empresas inmobiliarias que pertenecen a fondos de inversión extranjeros. Lo que antes era un barrio vivo se transformó en una aldea global hipster, un lugar donde abundan los desconocidos que conviven en silencio, cada quien, acompañado de su mascota, su laptop, su cold brew y sus stories, presumiendo el México auténtico que su llegada está extinguiendo.
La “cuatroté” y el neoliberalismo inmobiliario
En octubre de 2022, el gobierno de Claudia Sheinbaum (entonces jefa de gobierno en la Ciudad de México) anunció junto a Airbnb y la UNESCO un acuerdo para “convertir a la CDMX en la Capital del Turismo Creativo en América Latina y en un destino global para nómadas digitales”. El acuerdo incluye tres aspectos principales:
- Promoción internacional como ciudad para el trabajo remoto.
- Cursos respecto al patrimonio cultural de la ciudad para anfitriones de Airbnb.
- Incentivos para atraer a extranjeros con alto poder adquisitivo.
La exjefa de gobierno, una figura política supuestamente de izquierda, opinaba lo siguiente respecto a la firma de este convenio de corte netamente neoliberal:
Es una invitación a que todos los trabajadores remotos del mundo entero vengan a la Ciudad de México a vivir esta ‘Ciudad que lo tiene todo’ (…) y además, el hecho de que Airbnb nos seleccione entre los 20 destinos de este tipo, a la Ciudad de México, es porque realmente se está viendo que tiene un gran potencial. Y aparte, el turismo creativo es lo que queremos vincular, para que no solamente sea un turismo que se queda en un lugar, sino que tenga vínculos para el desarrollo local, pero puede tener un potencial enorme.
Claudia Sheinbaum Pardo, octubre 2022.
Fuente: Portal del Gobierno de la CDMX
¿Airbnb nos seleccionó? Wow, ¡qué fortuna!
Anterior a la firma de este convenio, la Ciudad de México y otras ciudades del país llevaban ya algunos años en proceso de gentrificación, pero la pandemia del COVID-19 que llevó a casi toda la humanidad a refugiarse por meses en sus casas, fue el detonador de un proceso más acelerado.
Recientemente, el pasado viernes 4 de julio de 2025 se llevó a cabo en la Ciudad de México la primera marcha en contra de la gentrificación, con manifestantes habitantes de colonias como Doctores, Obrera, Roma y Condesa, así como colectivos de activismo social. Durante la protesta, que se desarrolló en el Parque México de la alcaldía Cuauhtémoc, los participantes expresaron su rechazo a la presencia de extranjeros, el encarecimiento de los servicios y el precio de la vivienda, que han provocado el desplazamiento de los residentes originales. Algunos medios de información reportaron disturbios, pintas, lanzamiento de piedras y daños a establecimientos comerciales, automóviles y casas cercanas durante la manifestación; también hubo frases con tintes xenofóbicos que, lamentablemente, le restan potencia al objetivo real de la protesta que es el desplazamiento de personas y la especulación financiera que eleva arbitrariamente el costo de las rentas y la vivienda en la ciudad.
Algunos de los puntos clave de la movilización fueron:
- Consignas y demandas: Los manifestantes portaron carteles y lanzaron consignas como “Aquí se habla español”, “No a la voracidad inmobiliaria”, “Fuera gringos” y “Gentrificación no es progreso, es despojo”, en clara alusión a la influencia de extranjeros y el turismo inmobiliario, particularmente, a través de plataformas como Airbnb, que ha incidido en el exorbitante aumento de las rentas de vivienda.
- Disturbios y enfrentamientos: Durante la protesta se registraron disturbios, con enfrentamientos entre manifestantes y turistas, así como con un creador de contenido al que le pidieron que dejara de grabar. También se reportó una mujer que paseaba con su perro intercambiando palabras con los protestantes. Los clientes de negocios cercanos tuvieron que refugiarse ante los disturbios. (Fuente: El Financiero)
- Reacciones institucionales: La presidenta Claudia Sheinbaum condenó las muestras xenofóbicas durante la marcha, haciendo un llamado a no caer en la discriminación, el racismo o la xenofobia, pese a reconocer la legitimidad de la demanda sobre la crisis de vivienda. Por otro lado, Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de la Delegación Cuauhtémoc, acusó que hubo “grupos pagados para violentar” durante la protesta. Por su parte, la jefa de gobierno Clara Brugada, refrendó que en breve dará a conocer el protocolo para evitar la violencia en las manifestaciones, además el conjunto de medidas y estrategias para abordar el tema de la gentrificación que incluirá reformas legislativas, entre otras acciones, de las que prefirió reservar algún avance. (Fuente: La Jornada)
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, durante la presentación del informe en materia de seguridad del primer semestre. Estuvo acompañada por representantes de la Defensa, la Marina y la Guardia Nacional. Fuente: La Jornada. Foto Luis Castillo
La protesta puso en evidencia la tensión social generada por la gentrificación en la capital mexicana, y se espera que el gobierno responda con políticas que regulen el mercado inmobiliario y protejan a los residentes originales.
También, hubo reacciones de la “comentocracia” nacional en todos los niveles. Aquí te dejo las ligas de algunas voces relevantes al respecto:
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Diego Ruzzarin |
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Carla Escoffié |
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MIGALA |
Gentrificación, extractivismo urbano y colonialismo financiero
Detrás de esta transformación no hay políticas públicas ni planeación urbana, sino toda una estrategia financiera del poder económico mundial. ¿Recuerdas la famosa frase presentada por la oligarquía en el Foro Económico Mundial (FEM): “No poseerás nada y serás feliz”? Sintetiza perfectamente la lógica económica que hoy gobierna la vida urbana global. Según el FEM, la propiedad se concentrará en manos de unos pocos, principalmente megabancos, fondos de inversión y plataformas tecnológicas, mientras que la mayoría accede a todo como servicio, desde autos hasta vivienda, celebrando su precariedad como si fuera libertad.
Lo mismo sucede con la gentrificación que es la versión urbana de ese lema: un proceso mediante el cual los barrios populares son transformados en enclaves de alto valor para el beneficio del capital global, expulsando a sus pobladores originales y reemplazándolos por usuarios temporales con mayor capacidad de consumo.
La especulación inmobiliaria y la mercantilización de la vivienda son los pilares fundamentales del fenómeno de la gentrificación. Las gigantescas empresas gestoras de activos (aquí los llamo megabancos) como BlackRock, The Vanguard Group o State Street no compran departamentos para habitarlos, sino para convertirlos en activos financieros que garanticen rentas constantes y apreciación de valor en sus portafolios de inversión. Por otra parte, también son dueños de plataformas como Airbnb, que son instrumentos para impulsar la especulación, elevando artificialmente el precio de la tierra y la vivienda hasta hacerlos inaccesibles para ciudadanos locales.
La ciudad y sus colonias, antes pensadas como espacios para la vida comunitaria, hoy son terrenos de extracción de renta y plusvalía, es decir, un recurso natural urbano que se explota, tal como históricamente se han explotado minas, bosques, hidrocarburos o campos de monocultivos. Este fenómeno ha sido estudiado y comentado por especialistas, como la urbanista brasileña, Raquel Rolnik, quien denomina esta manifestación como extractivismo urbano, pues, en sus palabras, “la especulación inmobiliaria extrae renta y valor del territorio urbano, desplazando y destruyendo formas de vida comunitaria”. Por su parte, David Harvey, geógrafo marxista, describe esta dinámica como acumulación por desposesión: la privatización y mercantilización de bienes comunes para insertarlos en los circuitos globales de acumulación de capital. Mientras que, Saskia Sassen, socióloga y urbanista neerlandesa, habla de territorio financiero, advirtiendo que la mercantilización de la vivienda transforma barrios y ciudades enteras en activos que se comercializan globalmente, expulsando a poblaciones que pierden no solo su hogar, sino su arraigo y su identidad colectiva.
Un cartel de renta de vivienda se lee sobre la avenida Paseo de la Reforma en la zona centro de la Ciudad de México / Foto: Roberto Hernández / Cuartoscuro.com
Al mismo tiempo que voces críticas alertan sobre los riesgos sistémicos de la gentrificación y sus consecuencias sociales, como el aumento de la desigualdad y el despojo de la vivienda, la visión pro-capital inmobiliario ofrece una narrativa muy distinta. Harvard Business School afirma que la inversión institucional en vivienda profesionaliza mercados ineficientes y genera valor agregado para propietarios y comunidades. McKinsey & Company una consultora de negocios global, en una publicación de octubre del 2014 llamada “Tackling the world’s affordable housing challenge”, propone que el déficit de vivienda se resuelve con innovación financiera y asociaciones público-privadas. El Banco Mundial asegura que la vivienda es un gran motor de desarrollo económico inclusivo, siempre que se integre al mercado global con financiamiento privado masivo. Para estas perspectivas, la gentrificación no es un problema, sino un síntoma saludable de modernización urbana.
Entonces, surgen muchas preguntas de fondo: ¿qué modelo es mejor para el bienestar común? ¿Aquel que considera la vivienda un derecho y la ciudad un bien común que garantiza arraigo, cultura y vida digna, o aquel que ve la vivienda como un activo financiero que debe producir rentabilidad en un portafolio global? ¿Queremos ciudades vivas o escenarios bonitos para selfies? ¿Barrios con historias y personas que se conocen o enclaves homogéneos llenos de desconocidos transitorios con las mejores reseñas de Airbnb?
Quizá sea el momento de preguntarnos, también, qué alternativas existen. ¿Podríamos impulsar modelos cooperativos de vivienda, desarrollos urbanos que incluyan a sus pobladores históricos, limitaciones a la turistificación y la especulación financiera? ¿Qué tipo de políticas públicas o innovaciones sociales pueden equilibrar inversión y rentabilidad con dignidad y derecho a la vivienda? ¿Es posible recuperar el derecho a la ciudad y construir urbes que prioricen la vida sobre la valorización financiera?
Al final, un barrio sin vecinos no es un barrio; es solo un set de grabación para los reels del turismo superficial y de los nómadas digitales.
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